Vicente F. Hurtado

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Viejo héroe

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Pasó el tiempo y la espada se cubrió de herrumbre y el escudo de moho. La espalda del guerrero se curvó y sus ojos perdieron agudeza. Las rodillas crujían y la vejiga sufría de incontinencia. Las manos temblaban y la memoria jugaba a olvidar.
Aunque el viejo guerrero siempre recordaría el día en el que se convirtieron en héroes y repelieron el ataque de los dragones. En la ciudad lo llamaron "El día del dragón" y se declaró festivo —y día de mercado— para honrar la memoria de los caídos en batalla.
Para el guerrero anciano era uno de los mejores días para mendigar.

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