Vicente F. Hurtado

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Microrrelatos presentados a la X Edición de Relatos en Cadena del programa La Ventana de la Cadena SER y la Escuela de Escritores.
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Frase para participar Semana 09: No era el mar pero se le parecía.

Sirenas

El extraño viaje del grumete que sirvió bajo las órdenes de Ulises. Libro II
No era el mar pero se le parecía. Aún quedaban sirenas.

Alboradas
No era el mar pero se le parecía. Olas de lodo batían contra el acantilado de cristal. Vuelta tras vuelta. Hasta que uno de los terrones sin disolver brincaba —a eso de las ocho y media— e iba a caer sobre el cuello blanco del vestido recién puesto, justo en ese pequeño trozo que el babero nunca quería cubrir.
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Frase para participar Semana 08: Espero que puedas perdonarme.

http://www.la-recette-de-cuisine.com

Sibarita
Espero que puedas perdonarme, pero prefiero macerar la carne en vinagre de módena y ajo antes de cocinarla. Siento mucho que te escueza.
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Frase para participar Semana 07: Sigo observando mi trocito de cielo.



Federico
Sigo observando mi trocito de cielo, entre yerbas, terrones y camisas ensangrentadas, mientras los versos se esfuman, como las estrellas, cuando llega el alba.
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Frase para participar Semana 06: Al otro lado de la ventana.

Not death but his brother sleep

El cielo puede esperar
Al otro lado de la ventana había cristales rotos sobre un charco de sangre reseca, o casi. Me apoyé en el alfeizar y, con cuidado de no cortarme con el vidrio empolvado que aún estaba sujeto al marco, unté el dedo y me lo llevé a la boca. Saboreé sin prisa y medité qué hacer: entrar y buscar los cuerpos para bendecir sus almas y comulgar con sus cuerpos, o continuar mi camino en busca del purgatorio. El cuervo que anidaba en mi conciencia graznó y se coló dentro de la vivienda. Así que entré. Por supuesto que entré.
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Frase para participar Semana 04: Poco antes de que los domingos fueran amargos.

The human eye, showing the iris

El oftalmólogo
Poco antes de que los domingos fueran amargos mis cenas de los sábados consistían en miradas dulces de órbitas suculentas. Ahora, incluso los reos más sádicos agachan sus cabezas cuando salgo a tomar el sol al patio, después de la misa, con el sabor de la hostia pegado al paladar y los dedos inquietos que añoran el tacto frío del bisturí.