Vicente F. Hurtado

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Magnánimo

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El rey del descampado se levantó de su colchón húmedo de orina, tomó un sorbo de vino de la caja de cartón y —como cada amanecer— ordenó al sol ascender a través de la ropa húmeda de los tendederos de sus súbditos.Él sabía que, algún día, todos ellos le iban a agradecer el poder vestir ropas secas a diario.

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