Vicente F. Hurtado

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#Relato: Asterión

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Publicado en el Blog Lady Dragona de Inés Arias de Reyna en Marzo de 2013.
Publicado en el boletín quincenal de relato de género Maelstr@m en Noviembre de 2014.

Minotauro, de Pedro Requejo Novoa.
ASTERIÓN
Bienvenido, humano. Me has encontrado; es el final de tu camino. Te han metido aquí, en este laberinto, para ofrecerte como sacrificio al salvaje, al monstruo, a la bestia. Sí, yo soy la bestia, mírame. Para ti soy horrible, lo sé, pero piensa una cosa: soy único. Aún no sé si eso es algo bueno o malo; es difícil para mí marcar la frontera entre el bien y el mal. Imagino que tú me consideras maligno, y me temes. Sin embargo, de haber existido algún otro como yo, este tendría otro concepto de mí, ¿no crees? Ven, acércate, que no voy a comerte... aún.
Mi nombre es Asterión, el de cuerpo de hombre y cabeza de toro, el Minotauro. No tengo la facultad de hablar, pero sí de entrar en tu mente para comunicarme contigo. Tú puedes hablar, si quieres; puedo comprender tus palabras. Pero, por favor, no grites. Aquí no te oirá nadie y no hay escapatoria posible.
¿Dices que no tienes miedo? ¿Que has venido a matarme? Ah... por fin alguien con quien poder conversar. Estoy harto de gritos, lamentos y súplicas. Bien, bien, charlaremos un rato antes de que te descarne. O quizás no lo haga, de momento, y así podrás hacerme compañía. Ya veremos.
¿Tienes nombre, humano? ¿Sí? Oh... Teseo. Suena bien. Eres valiente, Teseo. ¿Sabes por qué te han enviado aquí? No, no contestes, yo te lo diré. Tú, y otros como tú, entráis en el laberinto para que yo os encuentre y os devore. Es verdad, eso hago, comer carne humana. Y por eso me juzgáis, y decís de mí que soy una bestia despiadada, salvaje. Me llamáis monstruo, ¡vosotros!, los que os estáis destruyendo. Yo, al menos, no hago sufrir a mis víctimas. ¿Y vosotros? ¿Qué hacéis en vuestras guerras? ¿Qué sois capaces de hacer por gloria y riquezas? ¡Hipócritas!
No entendéis por qué necesito comer carne humana. Es la única forma que tengo de mantener viva mi alma. ¿Lo entiendes, Teseo? Vuestra carne no surte mi estómago, vuestra carne me alimenta el espíritu. ¿Qué sería de mí sin alma? Quedaría reducido a un montón de músculos y huesos, reducido a los instintos más básicos. Me convertiría en un animal. ¿Te gustaría que eso te ocurriese a ti, Teseo? No, claro que no. Para empezar, si tú no tuvieses alma, no estarías aquí diciendo que has venido a matarme y, por supuesto, no negarías que tienes miedo.
Tengo una duda. Cuando me “mates”, ¿cómo saldrás de aquí? Si no sales, nadie sabrá que he muerto, ¿cierto? ¿Qué escondes en la mano, Teseo? ¡Por todos los dioses! ¡Un cordel! Ah... deja que disfrute de este momento. Hace tiempo que no me divertía tanto. Eres listo, no lo niego. Muy listo, sí. Porque... ¿fue tuya la idea, no? ¿Dudas, Teseo? ¿No es un plan ideado por ti? No, claro que no. Alguien te dijo lo que hacer, sí, no lo niegues. ¿Has pensado en un pequeño detalle? Si fallas en tu misión, ¿quién me impedirá seguir el cordel? Saldré del laberinto, seré libre de nuevo. No pongas esa cara, asume que te han utilizado. No importa, a todos nos han traicionado alguna vez. ¿Y con qué arma ibas a matarme? ¿Qué? Con tus... ¿manos? Parece ser que no eres tan listo como pensaba. Vamos, pégame, me quedaré quieto, sin defenderme. ¡Ataca!
¿Ves? Lo único que has conseguido es herirte las manos. Quien —de forma muy sutil— te envió aquí no lo hizo para que me matases, fue para que le marcases el camino de salida a la bestia. Alguien me quiere fuera e, imagino, que será para usar mi poder en alguna de vuestras disputas sangrientas. No se plantean que quizás no quiera salir. El mundo es vuestro, de los humanos, yo no tengo cabida en él. Lo único que me interesa es vuestra carne.
Vamos, levanta la cabeza, Teseo. Recupera la dignidad con la que entraste aquí. Hagamos un trato. Te acompañaré a la salida siguiendo tu cuerda y te dejaré libre. Pero no saldré. Eso sí, marcaré el camino. Y lo haré para asegurarme de que cumplirás lo que voy a pedirte.
Regresarás con los tuyos y dirás que me diste muerte. Te recomiendo que busques un arma algo más convincente que tus puños, pero eso es cosa tuya. A cambio, y escúchame bien, necesitaré seguir consumiendo carne humana. Un “bocado” cada dos lunas será suficiente. Hazlo como quieras y envíame a quién quieras, pero hazlo, y con discreción. Asegúrate de que alguien más conozca el trato, por si te ocurre algo. También deberás dejarlo como legado a tu primogénito. Mi vida es larga, humano. Asegúrate de hacerlo o de lo contrario saldré y acabaré con tu estirpe y todo lo que esté relacionado con ella.
¿Qué salgo ganando, dices? ¿Por qué no acabo contigo y me libero? ¿Para qué? ¿Para entrar en otra cárcel mayor? Si salgo sembraré el caos y comeré hasta hartarme, incluso comeré sin hambre. No puedes ni imaginar lo que soy capaz de hacer. Tarde o temprano moriré atravesado por decenas de lanzas en alguna emboscada o batalla. Muchos morirán y unos pocos se aprovecharán de mi salida del laberinto. No, Teseo, prefiero quedarme aquí, alejado de vuestros entresijos y luchas.
Acepta mi trato, Teseo, o muere. Me caes bien, humano. Cumple tu parte y podrás convertirte en héroe, en rey o en lo que quieras, me da igual. Yo pasaré a ser otro de vuestros mitos y, en el futuro, que me recuerden como quieran. Lo único que me importa es que, si creen que he muerto, me dejarán en paz.
¿Qué decides, Teseo? ¿Seguimos juntos esa cuerda y vas en busca de tu gloria o prefieres ser sustento del alma de Asterión, el Minotauro?

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